

Carl Sachs (1853-1878)
Nació Sachs el 19 de setiembre de 1853 en la ciudad de Neisse en la Silesia inferior. Siguió estudios en Berlín, matriculándose en el curso de medicina en 1871, destacándose de manera tal que el célebre fisiólogo Dr. Emil du- Bois Reymond, vio en él al mejor candidato para enviar a Venezuela para observar y colectar tembladores (Gymnotus). En 1876 obtiene el título de Doctor en Medicina y de inmediato acepta la proposición de viajar a nuestro país. En setiembre de 1876 parte hacia La Guaira, donde es recibido con toda atención por un alto empleado del presidente, general Antonio Guzmán Blanco.
En Caracas se pone en contacto con el Dr. Adolfo Ernst y el Ministro Alemán. Después de una corta estadía para preparativos, inicia el viaje hacia los llanos. En noviembre de 1876 ya estaba instalado en Calabozo, con su laboratorio electro- fisiológico y realizando diversos experimentos y observaciones sobre este curioso animal.
A mediados de abril de 1877 decide regresar a Europa llevando varios ejemplares vivos. Desembarca en Alemania el 28 de junio, pero lamentablemente los pocos tembladores que habían sobrevivido tan largo viaje mueren en el trayecto de ferrocarril entre Bremen y Berlín. Allí comenzó a sistematizar sus observaciones, publicándo dos breves notas técnicas en los Archivos de Anatomía y Fisiología. Su principal obra desde su regreso a Alemania fue la preparación del libro En los Llanos: Aus den Llanos, Schilderung Einer Naturwissenschaftlichen Reise Nach Venezuela, con relación de un viaje científico a Venezuela publicado un año después de su muerte. En la introducción a este libro indica que está preparando una monografía científica sobre el temblador.
El 18 de agosto de 1878 junto a otros tres compañeros, se encontraba escalando los nevados del Monte Cevedale, en el Tirol, cuando encuentra la muerte al caer por un precipicio. Así terminó la vida con sólo 25 años de edad.
Posteriormente a su muerte Su maestro du- Bois Reymond recopila todo el material de Sachs y publica el libro "Observaciones en el temblador…"
El libro De los Llanos es de indudable interés para conocer la Venezuela en los tiempos Guzmancistas, y si bien está escrito por un joven que revela sus propias debilidades y prejuicios, por lo cual recibe severas criticas de su propio traductor.
Es lamentable que esta única traducción al español realizada por el Dr. José Izquierdo sea incompleta, como él mismo lo señala en su advertencia: "Por parecerme carentes de interés general, he omitido las observaciones meteorológicas y la breve reseña faunística que figuran en el apéndice original. También he omitido los grabados, porque, aunque son de extraordinario mérito artístico sería sumamente difícil su reproducción, y no son indispensables para la inteligencia del texto", este párrafo sí revela serios prejuicios, pero en este caso no del Dr. Sachs, sino del Dr. Izquierdo. Pero más inaudito en el caso de la segunda edición de CONICIT, 1981, en cuyo prefacio el presidente de esa institución dice lo siguiente: "En la primera edición venezolana no se las reprodujo (las ilustraciones) por dificultades de orden técnico y en nuestro caso porque no tuvimos acceso a ellas". Excusa sin base, ya que hay varias bibliotecas de Caracas que poseen la obra original y solo hubiera sido necesario un trabajo fotográfico relativamente sencillo.
Contribuciones Geológicas
La obra de Sachs ("De los Llanos. ..") contiene muchas observaciones sobre geografía, zoología, botánica, antropología, medicina, etc., y quizás una de las disciplinas menos tratadas son los aspectos geológicos. A continuación se reimprimirán diversos párrafos con observaciones geológicas (SACHS, 1981):

-Ya mucho antes de llegar a San Juan habíamos distinguido, sobre las cimas de los cerros circundantes a los Morros, que desde lejos parecen las ruinas de un viejo castillo: dos cerros que por su aspecto abrupto y resquebrajado han ocupado mucho a la fantasía del pueblo...
Primeramente dimos un paseo hacia el saludable manantial I célebre en todo el país, que surge al pié de los Morros. Después de atravesar un riachuelo, derivación del Guárico llegamos a una estéril llanura de, más o menos, media hora (sic) de extensión, de la cual se levantan directamente los Morros. Son dos escarpados y ásperos picos, conectados en el suelo, que se elevan a 930 pies sobre el nivel de San Juan, o sea 2.400 sobre el nivel del mar, y compuestos por una roca calcárea, negruzca y cristalina en la superficie. Interiormente tienen unas cuevas muy extensas, pero difíciles de visitar. En unas montañas, que se distinguen por la uniforme y suave cualidad de su ondulación, estos agudos Morros son un fenómeno muy impresionante y admirable...
Al pie de los Morros brotan las aguas sulfurosas para cuya utilización como observé con asombro, ni siquiera está en proyecto establecer una buena casa de baños. El agua de la fuente es tibia y huele débilmente a azufre (p. 11-18)
- Aún en los tiempos de mayor sequía, Calabozo está provisto de excelente agua de manantial la cual rezuma de las paredes de unos gigantescos hundimientos del terreno, producidos quizás por terremotos. Unos de ellos, al cual pronto visité y llamado "Zanjonote"... ofrecía un bello corte de la formación del suelo. Era una grieta de 40 pies de profundidad alargada y ramificada con paredes perpendiculares y desnudas. Después de una capa de humus, apenas de un pié de espesor, seguía una gruesa capa de 15 pies de un conglomerado rojizo; luego una capa de 10 pies de una arcilla blanca grasienta, y por último, después de ésta una capa de arcilla de color de 15 pies de grueso, dispuesta en capas, horizontales de matices ya amarillos, ya de hermoso rojo. De la última capa salen, a unos 35 pies por debajo del nivel de la ciudad los mencionados manantiales, cuyas aguas son recogidas para ser vendidas a poco precio en la ciudad por mujeres y muchachas que cargan las tinajas barrigonas en la cabezal así como por peones mulatos que cargan a sus burros a razón de dos cuartos de barril cada uno. En otros sitios hasta se recoge artificialmente al manantial: el agua corre por unos tubos de metal a un dep6sito de piedra.
Esa arcilla de color, con el nombre de "carniz", es utilizada por los nativos para pintar sus casas. La capa de conglomerado que está por encima de ella es la que, con una notable uniformidad.- reviste al suelo de una amplia cuenca de Los Llanos. Es manifiestamente idéntica a la que Humboldt designa no muy acertadamente, como arenisca roja de Los Llanos. Fragmentos de roca redondeados, generalmente compuestos de cuarzo, se hallan reunidos, mediante una argamasa ferruginosa de pequeños núcleos, en una masa bastante firme de color ya rojizo, ya amarillento. El conjunto es ostensiblemente una formación reciente, nacida de la descomposición de los materiales de las montañas circundantes. No he logrado descubrir ahí inclusiones orgánicas, a pesar de que las busqué en los sitios más diferentes. Frecuentemente esta capa aparece desnuda a la luz del día, por lo cual no es posible que ahí crezcan plantas. De lo contrario, se la encuentra cubierta por una capa de humus de espesor variable, la cual posee en sí todas las condiciones de fertilidad y solamente requiere agua para producir en plenitud todo cuanto la Naturaleza tropical ofrece al hombre. (p. l09-110).
- Una bonita excursión por los alrededores de Calabozo es a la aldea "La Misión de Abajo ", que ha conservado su nombre de Misión desde el tiempo de los españoles... En la cercanía de ésta aldea, distante una milla de Calabozo, se encuentran numerosas grietas de 20 a 30 pies de profundidad, sin duda causadas por terremotos, sombreadas por hermosos árboles de copaiba y de sangre de drago. Las paredes de estas grietas están formadas por el conglomerado, ya descrito, que en el Llano se encuentra por todas partes por debajo de la capa de humus, y muestra aquí un bello color rojo. En el fondo de las grietas, adonde se desciende con cuidado nos invitan a refrescarnos magníficos y cristalinos baños. A través de las paredes de la roca surge continuamente agua, que se reúne en pozos en el fondo los cuales a veces son lo bastante profundos y grandes como para permitir nadar un poco. El agua reunida se escapa en parte en el aire por evaporación y en parte corre en pequeños arroyos que Balen de los pozos y bajan en dirección al río Guárico.
Es sorprendente que estos baños naturales, aunque situados en inmediata vecindad unos de otros, tienen muv diferentes temperaturas, desde 25 hasta 40 grados centígrados, de manera que cada cual puede escoger el que más le convenga. Generalmente, como es natural, no se usan sino los baños fríos, que en un clima tan ardiente son de gran valor para la salud del cuerpo. Después que uno llega por primera vez de las amplias y planísimas llanuras, desprovistas de sombra y tostadas por el sol, nada iguala a la grata sorpresa que causa descender a estas grietas frías y sombrías con sus magníficos pozos de agua clara, que jamás se secan o apenas disminuyen durante 108 grandes calores del verano o la sequía...
La existencia de estos pozos de agua, lo mismo que los numerosos manantiales de Calabozo y otros lugares, demuestran que, a pesar de la aridez superficial del suelo, existe a pocos pies por debajo del nivel una provisión del vivifico elemento. Seria una empresa fácil elevar artificialmente esta provisión para emplearla en irrigar las extensas fajas de terreno, y sin duda cuando la población del país se haya multiplicado, día llegará en que se proceda de tal modo. (p. 114-115).
En junio de 1877 estando ya de regreso a Europa se encuentra en Ciudad Bolívar y nos dice: En compañía de algunos amigos habitantes de la ciudad hice frecuentes excursiones a caballo por los alrededores. Cerca de la ciudad misma, el terreno es colinoso. Un riachuelo, el río San Rafael, que nace de varias fuentes situadas muy cerca entre sí, ya calientes, ya frías, atraviesa esta maleza al oeste de la ciudad. (p. 275).
Los anteriores párrafos son de indudable interés para la historia de la hidrogeología en el país, describiendo tanto a manantiales termales como fríos, la estratigrafía de los sedimentos, y demás observaciones geológicas en general.
Las fuentes termales de San Juan ya habían sido descritas por autores previos desde Humboldt, y en realidad Sachs no aporta nada nuevo, pero aun esta escasa información es de utilidad para saber la evolución del uso de tal manantial, y apenas unos años después se construiría una pequeña estación termal.
Sobre las características de los manantiales de la zona de Calabozo, es Sachs quién presenta la mejor descripción, llegando inclusive a predecir la extracción del agua por bombeo, cosa usual en la actualidad. Los pozos de diversas temperaturas de "La Misión Abajo" han sido estudiados recientemente por FERMIN (1983) quién llega a medir una temperatura máxima de 28,5 C, pero hoy en día prácticamente no tienen uso.
La información que da Sachs de los manantiales calientes de La Misión Abajo y del río San Rafael en Ciudad Bolívar, son un testigo de un fenómeno hoy desaparecido, posiblemente a consecuencia de la continua destrucción que ha sufrido la cobertura vegetal por la creciente población, que está llevando al país a un proceso de lenta pero segura desertificación. En San Rafael ya no hay ni trazas de estos manantiales que en el siglo, pasado eran usados como baños (URBANI, 1981).
Referencias
URBANI, F. 1991. Carl Sachs (1853-1878) y su contribución a la hidrogeología venezolana. Boletín de Historia de las Geociencias en Venezuela. N° 42: 37-42.
Bibliohemerografía
FERMIN, A. 1983. Inventario de las manifestaciones geotérmicas de la región central de Venezuela. Geotermia (UCV, Caracas), Colección Libros no.4, 717p.
GALERÍA DE ARTE NACIONAL. 1993. Artistas y Cronistas Extranjeros en Venezuela. 1825-1899. Caracas. 76 p.
SACHS, C. 1879. Aus den Llanos Schllderung elner naturwisenschafttlichen Reise nach Venezuela. Leipzig, Veit & 40 comp., vii+369 p.
SACHS, C. 1955. De los Llanos. Descripción de un viaje de ciencias naturales a Venezuela. Traducción del Dr. José Izquierdo. Editorial Edime, Caracas- Madrid, 293 p.
SACHS, C. 1987. Ibidem, 2da. ed. facsimilar, Fondo Editorial CONICIT.
URBANI, F. 1981. Fuentes termales en la Guayana Venezolana. Geotermia (UCV, Dept. Geología), (3): 42-44.
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