Arístides Rojas (1826-1894)

Arístides Rojas nació en Caracas en 1826. Obtuvo el grado de Doctor en Ciencias Médicas en la Universidad Central de Venezuela, ejerciendo su profesión en Venezuela y las Antillas. Más tarde se dedicó a las letras, convirtiéndose en uno de los mas famosos e importantes eruditos de la época, incansable indagador de la historia, la naturaleza y las letras y divulgador de la cultura. Publicó centenares de artículos literarios, científicos, de costumbres, sobre geología, sismología, estadística e historia, así como diversos libros, entre los cuales destacan "Leyendas históricas de Venezuela" y "Orígenes Venezolanos" (NUCETE SARDI, 1953; GRASES, 1953; USLAR PIETRI, 1953 en URBANI, 1982).

Su obra espeleológica

Arístides Rojas produjo una sola obra estrictamente espeleológica titulada "La Cueva del Guácharo", artículo éste publicado por primera vez en la revista caraqueña La Tertulia en 1875, reimprimiéndose posteriormente en 1879, 1924 y 1942 (ROJAS, 1875). En su conocida obra Estudios Indígenas de 1878, también publica algunos párrafos de interés espeleológico. Se desconoce si Arístides Rojas visitó alguna cueva, ya que en sus escritos no es específico a este aspecto. Por otra parte y debido a su interés en los temas indígenas y arqueológicos, fue poseedor de una gran colección de objetos indígenas, destacándose las placas pectorales, procedentes de diversas cuevas de los Andes.

Reproducción de la Obra Espeleológica

A continuación se reproducirá el artículo de ROJAS (1875) manteniendo la gramática original sin modificaciones. Esta obra tiene cuatro reediciones presentando el mismo texto, con la excepción del siguiente párrafo: "Pero, al enviar a los redactores de La Tertulia la más bella y completa descripción...", el cual en las tres últimas ediciones fue modificado por: "Al incorporar a nuestras Humboldtianas la más bella y completa descripción...". También cambia la cifra de años transcurridos desde la visita de Humboldt a la cueva del Guácharo. Las dos primeras ediciones presentan una ortografía diferente a la actual, la cual fue modificada en las recopilaciones de Rohl.

"Recuerdos de Humboldt y Codazzi"

La Cueva del Guácharo

He aquí un tema inagotable; la descripcion de esta maravilla de Venezuela, célebre desde el día, en que ahora setenta y seis años, la visitó aquel Humboldt que ha dejado su nombre en ambos mundos, por donde quiera que su jenio interpretó los fenómenos de la Creación. He aquí un tema para el naturalista, y para el viajero, y para el jeólogo, y para el pintor, y para el hombre de la naturaleza, y para el hombre de la historia, porque en la Cueva del Guácharo no es solo la armonía plástica lo que cautiva, sino también la vida en su múltiple belleza, la tradición en sus oríjenes, el mito que hermosea con sus luces indecisas los recuerdos del pasado.

Pero, al enviar á los Redactores de LA TERTULIA la más bella y completa descripcion que hasta hoi se ha publicado de la célebre caverna, rindamos un homenaje al jeógrafo de Venezuela, que la exploró de una manera notable en 1835, y saludemos al mismo tiempo, esa memoria de Humboldt, el primero que dió a conocer al mundo de las ciencias esta maravilla del Continente americano, situada en la rejion oriental de Venezuela.- Unas líneas, por lo tanto, sobre el gran Humboldt, lijeras reminiscencias históricas que sirven de apéndice al trabajo de Codazzi, ¿no serian para el rector que desea conocer la gruta, como esos tenues rayos de la luz del dia, que acompañan al viajero hasta cierta distancia, en que armado con la tea encendida penetra con seguridad en las salas májícas del palacio subterráneo?

Cuentan que en los primitivos dias de la conquista castellana, los primeros misioneros que se establecieron en las cercanías de la Cueva del Guácharo, tuvieron que refujiarse en esta, huyendo de los caciques chaimas, que los perseguian; y que allí, en medio de las tinieblas, celebraron los misterios de la relijion de Cristo, hasta que triunfantes las armas castellanas, se entregaron libres y contentos al desempeño de su misión evanjélica. Y refiérese también que en la mitolojía de los chaimas la Cueva del Guácharo era la mansión de las almas, y que los indios respetaban aquel recinto en cuyo centro reposaban sus antepasados. Por esto en la lengua de los chaimas, bajar al Guácharo, quiere decir: morir, descender a la eterna noche.

Estas tradiciones, unidas a relatos fantásticos, y a leyendas extraordinarias, relacionadas con la caverna, exaltaron la curiosidad de Humboldt, quien, a los pocos días de su llegada a Cumaná en 1799, emprendió su viaje de exploración hácia las rejiones occidentales de la provincia, con el principal objeto de estudiar la cueva, tema constante de tantos relatos.

¿Seguiremos las huellas del sabio en sus variadas excursiones? ¿Nos detendremos en cada uno de los sitios que deleitaron sus miradas y cautivaron su espíritu, lleno de emociones al encontrarse en medio de una naturaleza selvática, siempre renovada? No; nos detendremos solamente, cuando después de haberle visto recorrer las alturas del Cuchivano y de Cumanacoa, se detenga en la meseta de Cocollar, para contemplar el paisaje nocturno.

De su diario personal refiere:

"Nada hai comparable a la impresión de la calma majestuosa que deja el aspecto del firmamento en aquel lugar solitario. Al anochecer, fijando la mirada en aquellas praderas que ciñen el horizonte, y en aquellas llanuras cubiertas de yerbas, lijeramente onduladas, creíamos divisar a lo lejos la superficie del Océano que sostenia la bóveda estrellada del cielo. El árbol, bajo el cual estábamos sentados; los insectos luminosos que vagaban en torno de nosotros; las constelaciones que brillaban hacia el Sud: todo parecia indicarnos que estábamos lejos de nuestro suelo natal: si entonces, en medio de aquella naturaleza exótica, se oia en el fondo del valle, el sonido de un cencerro, ó el mujido de una vaca, venia al instante el recuerdo de nuestra patria; y eran como voces lejanas que resonaban al otro lado de los mares, y cuyo májico poder nos trasportaba de uno á otro hemisferio.

Poco después de la noche en que Humboldt contemplaba este paisaje tropical, se encontraba frente á la gran maravilla que deseaba estudiar, en el pintoresco valle de Caripe. Nuevo panorama el que debia exhibirse á sus ojos, cuando acompañado de los padres misioneros del convento de Caripe, y de algunos indios chaimas, quiso visitar en cierto dia la espaciosa gruta del Guácharo.- La maravilla parecía aguardarle, pues la mañana se ostentó risueña; y dispuesto estuvo el ánimo de los viajeros. Afuera la vejetacion espléndida, espontánea, rica en formas y en especies, que coronaba la gruta con sus penachos de plantas: adentro, la vejetacion subterránea, pobre; pero como un fenómeno de las fuerzas fisiolójicas: afuera el ave libre y la luz del dia: adentro los propietarios feudales de la cueva, el guácharo y su prole entre tinieblas, y el rio subterráneo y las prolongadas galerías trabajadas por la gota de agua, que debian en breve retumbar á los gritos de las aves nocturnal en su choque contra la luz artificial y contra el hombre, intruso en aquellos antros de la muerte. El recuerdo de los mitos y supersticiones locales; lo sagrado del recinto por la tradición indíjena y por la celebración de los misterios cristianos, cuando los patriarcas de la selva, huyendo de las belicosas tribus chaimas, se refujiaron en la gruta, como los primitivos mártires en las catacumbas de Roma; todo contribuia á hacer célebre la visita del hombre de ciencia en aquel templo de la naturaleza subterránea. El hombre primitivo de América y el pastor del Evangelio, el ave nocturna y la flor de los campos, he aquí el cortejo del explorador ansioso que, armado de instrumentos, debia herir la roca calcárea, establecer la edad de la gruta; fijar la temperatura del ambiente y de las aguas, estudiar la anatomía del guácharo, y recrearse á la vista de las cristalizaciones caprichosas que cual obeliscos se levantan en el Tártaro de los chaimas.

Inspirado por la idea de lo desconocido, y guiado por la laz del jenio, Humboldt penetra en la gruta. Sus miradas se fijan por todas partes, y con la curiosidad del niño se detiene á cada instante: la roca, la planta, el insecto, todo lo cautiva y de todo se ocupa, mientras el silencioso cortejo sigue sus pasos. A poco andar llegan á sus oídos los gritos lastimeros de las ayes nocturnal, que han divisado á los nuevos huéspedes de la caverna. Humboldt sigue, y á proporción que avanza, la gritería de las aves se aumenta, la luz del ida escasea y el claro oscuro de la cueva se ostenta con sus primeras sombras. Enciéndense las teas, y su estremecimiento involuntario se apodera de los indios chaimas, al tener que penetrar en aquel recinto sagrado por la tradicion y respetado por ellos. La comitiva continúa, impelida ya por Humboldt, en medio de aquella espantosa algazara en que las ayes se defender del hombre y de la luz artificial. A los resplandores de esta, se proyectan en la bóveda las numerosas estalactitas, y el hombre, el ave, y las paredes de rocas, todo participa de aquella naturaleza terrible envuelta por las sombras del misterio. Adelante! dice Humboldt.- Adelante! repiten los misioneros: unos y otros en pos de la verdad; mas el chaima se revela: mientras en unos domina el ardor del entusiasmo, en los otros se pinta el espanto: son dos civilizaciones que se encuentran. A pesar de todo, los indios son vencidos y la caverna, continúa; pero llega un momento en que los chaimas dominados por el terror, se niegan firmemente á seguir: habíase llegado á aquel limite en que la fuerza es impotente ante la supersticion religiosa. Ni las súplicas de los misioneros, ni las promesas del sabio, pudieron desvanecer las creencias de los indíjenas; y cuando Humboldt habia alcanzado apenas la distancia de 570 varas, hubo de retroceder. Un obispo de Guayana habia sido mas afortunado, en remotos tiempos, pues habia podido llegar hasta la distancia de 960 varas.

Bastábale al sabio lo que habia visto: habia examinado la estructura de las capas calcáreas, y conocia la edad jeolójica de la montaña: estaba en posesion del ave nocturna, nuevo tipo de la seri animal, con el cual debia enriquecer la ciencia ornitológica: habia sorprendido las fuerzas vitales en sus antros subterráneos, y la temperatura interior en sus cambiantes á la sombra, habia, en fin, elevando su planta en aquel Aqueronte de los chaimas que, á semejanza del de los griegos, tenia sus aguas y aves estijias, su Cocito y sus sombras, como para revelar que la humanidad ha tenido en toda parte un orijen mítico, que ha hermoseado con lo maravilloso la cuna de todos los pueblos. ¿Qué mas podia desear? Habia dejado su nombre, que debia ser para los futuros exploradores del continente americano, lo que las estrellas para el navegante.

Pertenecia el jeógrafo de Venezuela, treinta y seis anos mas tarde, descubrir por completo aquella maravilla de la naturaleza, cruzar sus aguas subterráneas, sobreponerse a las preocupaciones indíjenas, fijar las alturas jeográficas interiores, descubrir las dilatadas galerías tachonadas de estalactitas, vencer la sublevación de los guácharos armados en defensa de su prole, pasar de la algazara al silencio eterno, y seguir hasta grabar en la última roca de aquel dilatado recinto, allá, á la distancia de 1.285 varas, el NON PLUS ULTRA. ¡Cuanta gloria, seguir las huellas de Humboldt y complementar la obra del sabio!

-"Aquí estuvo Humboldt" es la primera frase con la cual saluda el viajero explorador la Cueva del Guácharo; y todos siguen las huellas de Humboldt y de Codazzi, no ya en solicitud del ave nocturna que ha dado su nombre a la gruta, y la cual se encuentra en muchos lugares de Venezuela; no en solicitud de nuevas leyes y de nuevos fenómenos naturales, sino en solicitud del arte jeolójico, de las salas májicas, trabajo inmortal de la gota de agua, que no tomo de la paleta de la naturaleza sino el calcáreo para formar los obeliscos y las cristalizaciones del infierno chaima Dos nombres se destacan en el vestíbulo de este templo del arte divino.... HUMBOLDT .... CODAZZI.

Caracas, marzo 1° de 1875.

ARÍSTIDES ROJAS

A continuación se reproducirán algunos párrafos de la obra Estudios Indígenas:

Refiriéndose a las descripciones de HUMBOLDT en su viaje por el Orinoco nos dice (ROJAS, 1874: 2, 1878: 20 1908: 190, 1944: 29).

"Refiere Humboldt, que un misionero franciscano, habiéndose refugiado, en cierta ocasión por casualidad, en una caverna cerca de Uruana, en la villa occidental del Caura, tropezó de pronto con una gran roca de granito que tenía esculpidos caracteres reunidos en muchos grupos y colocados en una misma línea".

Luego al referirse al origen y significado de diversas palabras de uso en Venezuela, nos habla de la palabra guácharo (ROJAS, 1878: 96; 1944: 100):

"El adjetivo guácharo que trae el Diccionario de la lengua, y significa, el que esta constantemente llorando ó lamentándose, el hombre enfermizo y por lo común el hidrópico y abotagado, ¿es vocablo castellano? Larramendi dice que se origina del vascuence y significa el enfermizo, de la voz guácharo, adverbio que significa enfermamente, de gacho que en otro dialecto es gaitza. Guácharo, llorón. Pero, como para este autor, casi todas las voces castellanas se derivan de aquella lengua madre, sucede que la duda, en lugar de ser resuelta, se aumenta ante la notable manía etimológica del escritor vasco. Guácharo, guacharaca, son vocablos venezolanos que pertenecen a la lengua caribe y á sus dialectos chaima, cumanagoto y tamanaco. Los caribes y tamanacos, llaman la guacharaca vachiaraca. Hai, en la última parte de este vocablo, algo onomatópico. La guacharaca, como el guácharo, son aves mui gritonas, i la primera, que por lo común habita los pantanos y ciénagas, anuncia la proximidad del invierno: es una de las aves meteorologicas de Venezuela.

¿No serán estos vocablos de origen quechúa? En el Perú, el guácharo habita las cavernas; como en Venezuela huakhua significa ave, del sánscrito vak (gritar), según López. Huakani equivale á llorar, invocar, llorar con grito, y se aplica tambien al chillido de los animales. Huako es el nombre quechua del halcón. Una de las raíces madres del idioma quechúa es huac que equivale a voz. Por otra parte, huakcha significa pobre, miserable, lleno de desgracia (como guácharo en español). Lo que más caracteriza a las aves mencionadas son sus gritos lastimeros ".

El nombre de Arístides Rojas en la Espeleología de Venezuela

Galería Arístides Rojas de la Cueva Cajigal (Mi. 40)

Esta cueva fue descubierta el 20-7-52 por Roberto Contreras, al norte de Birongo, Estado Miranda. Su descripción catastral y planos aparecen en SOCIEDAD VENEZOLANA DE ESPELEOLOGIA (1973). Desde las primeras exploraciones, la galería E- N del plano arriba señalado, fue bautizada con el nombre de Galería Arístides Rojas (DE BELLARD & CONTRERAS, 1952), mientras que otra galería que corre casi paralela a esta, se denominó Galería Anton Göering.

Monumento Natural Arístides Rojas o Morros de San Juan, Estado Guárico. Comprende un área de 1,63 Km2 que incluyen los famosos "morros", o localidad tipo Venezolana del carso tipo mogotes o torre. Estos morros encierran numerosas cuevas y simas. El Monumento Nacional fue creado por el decreto 318 del 11-11-49 y publicado en la Caceta Oficial, No. 23.073 del 1411-49, páginas 167.650 a 167.651.

Referencias

URBANI, F. (1982) Arístides Rojas en Vida y Obra de los Iniciadores de la Espeleología Venezolana. Bol. Soc. Venez. Espel. 10(18): 41-47.

Bibliohemerografía

DE BELLARD PIETRI, E y R. E. CONTRERAS 1952. "Caverna con valioso material arqueológico ha sido hallada. José Manuel Cajigal fue nombre impuesto". Diario La Esfera, 9 sept., No. 9130, p. 19.

GRASES, P. 1953. Cuatro Varones Venezolanos, Valentín Espinal, Arístides Rojas, Manuel Segundo Sánchez, Vicente Lecuna. Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos, No. 79, 80 p., ilust.

GRASES, P. 1977. Bibliografía de Don Arístides Rojas. 2da. ed., Colección Manual Segundo Sánchez de la Fundación pare el Rescate del Acervo Documental Venezolano, Caracas, 169 p.

NUCETE SARDI, J. 1953. "Arístides Rojas (1826-1894)". En Diccionario Biográfico de Venezuela 1ra. ed., Garrido Mezquita y Cia. Madrid, p. 1018.

ROJAS, Arístides. 1874. "Los jeroglíficos venezolanos. Antonio Goering, ornitólogo y artista". La Opinión Nacional (Diario de la Tarde, Caracas), año Vl, mes IV, No. 1461 p. 1, 4 de febrero de 1874. (Encabezamiento "Estudios Indígenas"). H. ANH. Además aparece reimpreso como un capítulo de las siguientes obras:

1. Estudios indígenas. Contribución a la historia antigua de Venezuela por Arístides Rojas Obra mandada publicar por orden del Gran demócrata general Francisco Linares Alcántara, Presidente constitucional de los Estados Unidos de Venezuela Caracas, Imprenta Nacional, xi- 217 p.,23 cm. 1878. (BC UCV).

2. Obras escogidas de Arístides Rojas. París, Gamier Hermanos, Libreros editores, 787 p., 27,5 cm 1907.

3. Estudios indígenas de Contribución a la historia antigua de Venezuela Biblioteca de Escritores Venezolanos Vll, Editorial Cecilio Acosta, Impresores Unidos, Caracas. 219 p, 1941.

4. Ibid, 2da. ed., Librería Las Novedades, Caracas. Biblioteca Cecilio Acosta, Impreso en Buenos Aires, 221 p., 1944.

ROJAS, A. 1875. "La Cueva del Guácharo". La Tertulia (Semanario de literatura, ciencias, artes e industrias, Caracas), tomo 111, mes 3V, No. 15, p. 229-231. 12 de marzo de 1875. (BN).

Además existen las siguientes reimpresiones:

1. La Opinión Nacional (Diario de la Tarde, Caracas) Año Xll, Mes V, No. 2984, 3 mayo de 1879. (BN). Aparece bajo el encabezamiento de Humboldtianas.

2. En el libro Humboldtianas de A. Rojas recopiladas y publicadas por Eduardo Rohl. Caracas, Tipografía Vargas. viii + 233 p., ilust., 27 cm, 1924 ("La Cueva del Guácharo", p. 69-73)

Este libro es una recopilación de diferentes artículos geográficos e históricos de A. Rojas, que este publicara bajo el encabezamiento de Humboldtianas, inspirados en la obra de Humboldt.

3. En el libro Humboldtianas reeditado en 1942, Compilación de Eduardo Rohl y prólogo de Angel M. Alamo. Editorial Cecilio Acosta, Caracas. Vol. 1, 204 p. y vol. 2, 206 p. (Biblioteca de escritores y asuntos Venezolanos XXV-XXVI). "La Cueva del Guácharo", vol. 1, p. 133-140.

ROJAS, A. 1878. "La sílaba Gua o Hua". capítulo de su libro Estudios indígenas.. publicado en 1878, 1941 y 1944. Véanse los detalles bajo la referencia de ROJAS (1974) en esta misma sección.

ROJAS, A. 1995. Leyendas Históricas de Venezuela. Fundarte. Alcaldía de Caracas, Colección "Rescate" N° 16, 187 páginas.

SOCIEDAD VENEZOLANA DE ESPELEOLOGÍA. 1973. "Mi.40 - Cueva Cajigal". Bol. Soc. Venezolana Espel., 4 (2): 197-201.

USLAR PIETRI, Arturo. 1953. Arístides Rojas (1826-1894). Ediciones Fundación Eugenio Mendoza, Biblioteca Escolar, Colección de Biografías No. 9, 62 p., retrato.


Enviar Comentarios | Pioneros | Código Geológico de Venezuela

© PDVSA-Intevep, 1997