

Jean-Baptiste Boussingault (1802-1887)
Joseph-Dieudonné-Jean-Baptiste Boussingault nació en París en 1802. Recibe una amplia educación en ciencias naturales, minería y química. Por una idea de Bolívar de establecer en Colombia un centro de enseñanzas superiores, Francisco Antonio Zea fue confiado a la misión de reclutar jóvenes franceses. Boussingault fue convencido y el mismo Humboldt lo entrenó en diversas técnicas de observaciones científicas. Arribó a La Guaira en 1822, comenzando sus observaciones científicas, las que continuó por un período de 10 años en Venezuela, Colombia y Ecuador. Dentro de esta época de turbulencia revolucionaria, participó en diversas acciones de guerra y dentro del ejército de Simón Bolívar alcanzó el grado de Coronel.
En Venezuela estudió diversas fuente termales, colectó muestras de rocas y minerales, describe la primera especie mineral nueva para Venezuela: la Gaylussita; realizó además numerosas observaciones barométricas y botánicas.
De regreso en París se integra de lleno a las actividades académicas, llegando a ser uno de los más eminentes científicos de la época, convirtiéndose en el fundador de la química agrícola y la agronomía experimental.
Aquellas personas interesadas en la biografía y bibliografía completa de este interesante personaje, pueden consultar las obras de JAHN (1931), LACROIX (1926, 1928), CHARDON (1953, 1974), OSORIO (1956), BOUSSINGAULT (1849), SANCHEZ (1922) y LANCINI (1979).
Obra espeleológica
A pesar de la pródiga obra de Boussingault, de más de 200 publicaciones científicas, nunca mencionó en ellas nada sobre las cuevas de Venezuela. Las únicas descripciones espeleológicas aparecen después de su muerte en sus Memorias (BOUSSINGAULT, 1896,1974).
La parte de las Memorias, referentes a su permanencia en Venezuela, Colombia y Ecuador, fue traducida por Enrique Planchart, para ser editada por el Ministerio de Educación, imprimiéndose en 1949 con prólogo del traductor. La edición completa de 5.000 ejemplares no llegó a circular, porque el Ministro de Educación, Augusto Mijares, ordenó incinerarla, por considerar que contiene conceptos lesivos a la verdad histórica. Sólo en 1974 se publicó dicha obra al castellano (BOUSSINGAULT, 1974).
Reproducciones de las descripciones espeleológicas
Presentaremos a continuación la reproducción de la descripción de una cueva que visitó el 19 de febrero de 1823 en los Morros de San Juan, Estado Guárico. La descripción aparece publicada por primera vez en BOUSSINGAULT (1896: 75-5), reimprimiéndose la traducción al español de BOUSSINGAULT (1974: 213-217).
Nos acercábamos a los Morros. Dispersos se veían en el suelo bloques calcáreos. Después de atravesar el río San Juan, se camina sobre una roca verde oscura que fácilmente se confunde con el grünstein.
AI llegar a un bosque hubimos de echar pie a tierra. Además de las dificultades que los árboles oponían al paso de los caballos, el terreno se hallaba cubierto de bloques de calcáreo compacto, amarillo pálido, veteados de cristales de cal carbonatada.
Hicimos alto al pie de uno de los Morros, frente a una abertura, semejante a la puerta ojival de un edificio gótico, que da acceso al interior de la montaña. Era grande el calor. Con la marcha por entre el bosque, sudamos tanto, que nos vimos obligados a reposar un rato, y estabamos ya adormecidos cuando oímos salir de la gruta sones armoniosos, semejantes al tintinear de varias campanas. Los guías despertaron y huyeron, tratando de llevarme con ellos. Descendí por una pendiente muy suave. A medida que avanzaba, aumentaban las dimensiones de la caverna. De la bóveda pendían largas y fuertes estalactitas que le daban a aquel recinto el aspecto de una cripta del siglo XIII.
La luz penetraba por angostas grietas, transformándose en una penumbra que hacía más misterioso el paraje. Los sones de campana continuaban y eran cada vez más intensos. Fácil me fue dar con la causa de ellos, al descubrir a mi ordenanza, el negro Johnston, que con un pedazo de roca calcárea golpeaba la extremidad de las estalactitas, me sumé al juego, y entre los dos tocamos un repique tan estruendoso como falto de armonía. Una de las estalactitas daba en la que envidiaría cualquier fundidor de campanas.
Llamé a los guías desde la entrada de la gruta y disparé mis pistolas para hacerme oír; al ruido de los disparos respondieron largos ecos en las bóvedas de la Iglesia, pero del bosque no se dejó oír ni una voz. Hube de salir en busca de mi gente y la hallé a buena distancia de los Morros, diciéndoles que en la gruta no había encontrado diablo alguno, sino el negro Johnson, que tocaba y seguía tocando campanas; los persuadí a seguirme. Entonces emprendimos la exploración de este singular subterráneo.
La primera caverna, a la cual llamamos "La Iglesia" presenta anchas grietas laterales, a manera de corredores que conducen a otras cavidades; visitamos cinco de éstas donde también había estalactitas.
La caverna donde penetramos luego, es casi oscura, y más alto su piso que el de la anterior. Pasamos enseguida a otra, grande y muy elevada, con columnas suspendidas, que para nosotros fue "La Catedral". Esta es la más espaciosa de cuantas vimos. Allí tocamos un repique formidable. La nota varía según el grueso del pedazo con que se golpea la estalactita. De esta manera, graduando las vibraciones de la columna, mediante el empleo de fragmentos de piedra menos voluminosos, se logra ir debilitando el sonido hasta simular la voz de una campana distante. No sé de nadie que haya hablado antes de la sonoridad metálica de las estalactitas. Más también es cierto, que no se han encontrado todavía columnas calcáreas suspendidas tan voluminosas y largas como las de San Juan de los Morros.
Ciertamente, estos vastos subterráneos, cuya entrada se oculta tras un espeso bosque, tienen algo de misterioso. Parece natural que de haber sido habitados antes de la conquista y de haber servido de refugio a los indios, se encontraran allí huesos y armas.
Aunque examiné cuidadosamente las paredes de las grutas, no pude observar rastro alguno de inscripción o dibujo.
Lo único que allí puede pasar por obra del hombre, entre las cosas que ví, son dos cavidades hemisféricas, hechas en la roca calcárea. Se encuentran en el corredor o pasadizo que une las dos primeras cavernas; un poco más lejos, en la cavidad de la roca, hay un corte que muy bien puede figurar un asiento; pero no se encuentra el menor vestigio de huesos o instrumentos.
El suelo de la gruta es bastante parejo. Debajo de las estalactitas, terminadas en punta, no se ven las estalagmitas correspondientes, como aparecen en ciertas cavernas. Las columnas suspendidas se acercan más o menos al suelo; pero no encontré ninguna que llegase hasta él. Por otra parte, aquellas rocas colgantes se hallaban perfectamente secas. Están constituías por una calcárea blanca, ligeramente amarillenta, cristalina, con laminillas brillantes aquí y allá.
Me pareció muy extraño que las grutas de los Morros no fuesen guarida de aves nocturnas; por lo menos, no ví excrementos de ellas, y, además, si volátiles, tales como guácharos o murciélagos, tuvieran allí su residencia diurna, indudablemente los hubiéramos visto. Por otra parte, los árboles que crecen al pie de los Morros, impiden, por decirlo así, la entrada al subterráneo …
Después de contemplar las inmensas cavernas de los Morros, no pude evitar la siguiente reflexión: ¿Cómo tan notable fenómeno geológico se le pasó por alto a Humboldt, que conocía muy bien a Villa de Cura, a San Juan y a los Morros, y describe estos sitios exacta y detalladamente?.
A continuación se transcribe la mención de una cueva ubicada cerca de Valencia, estado Carabobo, que también visitó en 1823, aunque no especifica la fecha exacta. Este párrafo aparece en BOUSSINGAULT (1896: 94), aunque se reimprirne la traducción al español de BOUSSINGAULT (1974: 222):
"Cerca de Valencia tuve ocasión de examinar una gruta formada en el calcáreo granoso intercalado en el gneis. Como quiera que sea esta toba o este calcáreo modificado, al reflejar intensamente los rayos solares, contribuye al calor excesivo, a la sequedad y a la aridez de la llanura "
Bibliografía
BOUSSINGAULT, J. B., 1849. Viajes científicos a los Andes Ecuatoriales o colección de memorias sobre física, química e historia natural de la Nueva Granada, Ecuador y Venezuela, presentadas a la Academia de Ciencias de Francia por M. Boussingault, su actual Presidente, y Miembro del Consejo de Estado de la República; y por el Sr. Dr. Roulin: Traducidas con anuencia de los autores por J. Acosta, y precedidas de algunas nociones de geología, por el mismo. Librería Castellana, Lasserre Editor, París, XXI - 332 p. BN.
BOUSSINGAULT, J. B., 1896. Mémoires. Tome ll, 1822-1823. Chamelot et Renouard, París, 288 p. BN. El tomo 1 apareció en 1892 y el tomo 5 en 1903. La edición fue de sólo 300 ejemplares.
BOUSSINGAULT, J. B., 1974. Memorias. Ed. Centauro, J. A. Catalá Editor, Caracas,318 p. Este libro contiene: Nota de entrega por el editor (2 p.); "Boussingault, eminente agrónomo del siglo XIX. Su viaje a la Gran Colombia y sus relaciones con El Libertador y Manuelita Saenz" Juicio crítico por Carlos E. Chardon (p. 1-134); "Historia de un libro pasado por el fuego" por G. J. Schael (p. 135-143); "Confesiones de un ministro incinerador" por A. Mijares (p. 145-150) y finalmente las "Memorias de Boussingault" (p. 153-316).
CHARDON, C., E., 1953. Boussingault, eminente agrónomo del siglo XIX. Su viaje a la Gran Colombia y sus relaciones con El Libertador y Manuelita Saenz. Ed. Montalvo, Santo Domingo, República Dominicana, 109 p. Reimpreso en BOUSSINGAULT (1974) Memorias, p. 1-134.
JAHN, A., 1931. Jean Baptiste Boussingault. En Ascensión a la Silla de Caracas, por J. B. Boussingault el 12 de enero de 1823. Traducido de sus Memorias, con anotaciones y rasgos biográficos de Boussingault. Cultura Venezolana, Caracas, No. 115, 22 p.
LACROIX, A., 1828. "Notice historique sur Jean-Baptiste Boussingault". Mémoires de l'Academie des Sciences de l'lnstitut de France, tomo 59, 2da. ser., p. I-LXXI (1 retrato). (Este trabajo fue presentado en la sesión pública anual del lunes 13 de diciembre de 1926. En una separata de la misma obra aparece con fecha 1926).
LANCINI V., A. R., 1979. "Grandes naturalistas y viajeros en Venezuela (Siglo XIX). Jean Baptiste Boussingault". Natura (Soc. Cienc. Nat. La Salle, Caracas), 66:10-12.
OSORIO JIMENEZ, M. A., Sin fecha. "Las memorias "historicas" de Boussingault". Universidad de Los Andes, Mérida, Public. Dir. Cultura No.52, 19 p. (1956 ?).
SANCHEZ, M. S., 1922. "Las Memorias de Boussingault". Cultura Venezolana, Caracas, tomo XV, año V, No. 44, p. 225-234.
Referencias
URBANI, F., 1982. Jean-Baptiste BOUSSINGAULT en Vida y Obra de los Iniciadores de la Espeleología Venezolana. Bol. Soc. Venezolana Espel. 10(18): 19-22
Enviar Comentarios | Pioneros | Código Geológico de Venezuela
© PDVSA-Intevep, 1997