PEDRO JOAQUÍN BERMÚDEZ Y HERNÁNDEZ
(1905-1979)

Don Pedro, como le llamábamos cariñosamente sus alumnos, nació el 24 de febrero de 1905 en Vega Alta, Provincia de las Villas, en Cuba. Se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara, Las Villas. Sus estudios universitarios los hizo en la Universidad de La Habana, de donde obtuvo el título de Doctor en Farmacia en 1935 y de Doctor en Ciencias Naturales en 1938.

Desde muy joven, Pedro J. Bermúdez sintió un extraordinario interés por el estudio de la naturaleza, siendo por varios años ayudante honorario del conocido naturalista cubano Dr. Carlos de la Torre en la Universidad de La Habana. Durante este período viajó extensamente por la isla estudiando y coleccionando la flora y fauna. Dedicó especial atención a los moluscos terrestres, llegando a reunir una colección de 10.000 especímenes, que donó posteriormente al Museo Poey de la Universidad de La Habana y al Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard.

En el año de 1929 llegaron a Cuba el geólogo Robert H. Palmer y su esposa Dorothy K. Palmer, entusiasta investigadora de los foraminíferos, especialidad que estaba en sus comienzos. La influencia del matrimonio Palmer sobre el joven Bermúdez cambió completamente el rumbo de su vida. Se interesó por descifrar la geología de la isla de Cuba y, con temático de los foraminíferos, tanto recientes como fósiles. Coleccionista incansable, pronto construyó una respetable colección de foraminíferos de muchas localidades cubanas, de diferentes edades.

Con el correr de los años, la colección de foraminíferos del Dr. Pedro J. Bermúdez se convirtió en una de las más importantes del mundo fuera de los grandes museos y la más completa del área Caribe-Antillana. Colateralmente, su biblioteca sobre la geología y micropaleontología de esta misma región es también única.

Durante dos años consecutivos, 1936 y 1937, fue becado por la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, para estudiar bajo la dirección de Joseph A. Cushman en el laboratorio de este último en Sharon, Massachussetts, y en el Smithsonian Institution de Washington, D.C.

A su regreso a Cuba fue por dos años profesor de Zoología de la Universidad de La Habana. En 1940 empezó a trabajar como micropaleontólogo en la Standard Oil Company de Nueva Jersey, primero en la República Dominicana y después, de nuevo, en Cuba. Estos fueron unos años de prolífica obra.

Destaquemos uno de sus trabajos más importantes, Tertiary Smaller Foraminifera of the Dominican Republic, publicado en 1949 y uno de los indiscutibles clásicos de la literatura micropaleontológica.

En la capacidad artística de su esposa Caridad, don Pedro encontró una excelente ayuda para ilustrar algunas de sus publicaciones. Su destacada pericia y perseverancia en el dibujo de foraminíferos pueden apreciarse en las 1621 figuras de las 26 láminas que ella confeccionó para el mencionado trabajo de la república Dominicana.

A Venezuela llegó el Dr. Bermúdez en 1947, transferido por la Standard Oil de Nueva Jersey para trabajar en la Creole Petroleum Corporation. Este traslado, aparentemente temporal, se convirtió en definitivo, y Venezuela ganó un destacado científico y maestro.

Desde 1959, don Pedro dividió sus actividades entre el Ministerio de Minas e Hidrocarburos (ahora Ministerio de Energía y Minas) y la Universidad Central de Venezuela, donde fue Profesor de Micropaleontología en la Escuela de Geología y Minas.

Su obra en Venezuela fue extraordinariamente importante. Cabe destacar dos aspectos o caminos diferentes en esta obra. Por una parte, su inquietud docente, latente desde que dejó la Universidad de La Habana, pudo realizarse en la Universidad Central de Venezuela, en donde fue maestro insigne y muy querido de varias generaciones de geólogos.

Relacionada con su obra docente, publicó varios artículos y dos libros de texto en colaboración con la Profesora Frances Charlton de Rivero, quien falleció también en fecha reciente. El más importante de éstos, Micropaleontología General, publicado en 1962, es, todavía, el único texto sobre esta materia en idioma castellano.

En el área de investigación, don Pedro, entre muchos otros trabajos, publicó, en un lapso de diez años, dos obras monográficas de enorme importancia para la taxonomía de los foraminíferos: su Estudio sistemático de los foraminíferos rotaliformes, en 1952, y la Contribución al estudio de las Globigerinidea de la región Caribe-Antillana (Paleoceno-Reciente), en 1961.

A partir de esta última fecha, inició una prolífica y feliz colaboración con otros investigadores, en especial G. A. Seiglie y H. M. Bolli. Con este último, en 1965, publica la Zonación del Mioceno medio al Plioceno basada en foraminíferos planctónicos de aguas cálidas, obra de referencia indispensable en esta materia.

Don Pedro quiso ser siempre un científico naturalista, en sentido muy amplio, hasta sus últimos años. Además de sus prolíficos estudios sobre foraminíferos y de sus primeros trabajos sobre moluscos terrestres, fue un experto en varios otros campos de la zoología y de la botánica, como en los pájaros de Venezuela oriental y las orquídeas y Heliconias, sobre las cuales publicó de vez en cuando algunas notas en periódicos de gran difusión. Y que su interés no fue de ningún modo limitado solamente a las Ciencias Naturales lo prueban algunas otras publicaciones, como La trayectoria de Humboldt y Bompland en el oriental de Venezuela (1962i) o Los chinchorros de Curagua (1959b).

Graves quebrantos de salud frenaron su extraordinaria producción científica y minaron seriamente su actividad física e intelectual. Siempre se sobrepuso, sin embargo, y siguió publicando hasta el año mismo de su muerte.

Sería imposible expresar con meras palabras el significado total de la obra científica de don Pedro Bermúdez. Pero más importante aún, para aquellos que lo conocimos, fue su personalidad humana.

Un científico completamente entregado a su labor, dispuesto siempre a enseñar y ayudar a sus estudiantes y colegas, de una extraordinaria humildad y al que todos recordaremos como hombre bueno en el más amplio y noble sentido de la palabra.

María Lourdes Díaz de Gamero & Julio R. Farías
Revista Española de Micropaleontología
(1979) XII (1):5-11
Reimpreso en Boletín de Historia de las Geociencias (1993) 49: 41-53.

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